Acababa de llegar al sur de Chapucia, destacado por el National Jerogliphic, para intentar descifrar unas antiguas inscripciones halladas en un barranco de la Sierra Acojonuda, entonces se instauró el llamado World New Order y a mí me pilló completamente incomunicado, concentrado en sacarle calcos a las piedras.
Como ya se iba viendo venir desde hacía tiempo, mi país fue inmediatamente arruinado por los ingenieros financieros del New Order y finalmente comprado y anexionado a una de las grandes potencias, de cuyo nombre no quiero ni acordarme. Yo me vi convertido en un apátrida, exiliado sin más documentación que mi carnet profesional. Así decidí fundar la sede del National Jerogliphic en Chapucia, porque antes de la crisis se subvencionaban muy bien todas estas cosas, de tal forma me hice con una pequeña infraestructura que hoy me permite vivir holgadamente con la edición de la revista, publicando mis estudios y dando alguna conferencia.
A mi querido país ya no puedo volver, estoy hecho a la idea. No puedo cruzar el océano pues me da miedo navegar y en avión no viajo más, porque no aguanto cómo te sobetean en los controles de los aeropuertos, además me da una tremenda grima lo de andar descalzo por las esteras esas que pisa todo el mundo y que vete a saber cada cuanto, cómo y con qué las limpian, si es que lo hacen.
Para un extranjero como yo, Chapucia es interesante e inquietante a la vez, pues ha tenido una evolución singular. Desde el siglo tercero, cuando el fin de la era de los emperadores cesáreos, hasta hace cincuenta años, no ha sido más que una entelequia. Los distintos reinos y estados chapucios no han parado de arrearse leña durante toda su historia, aliándose o enemistándose, guerreando según les cuadraba. Incluso internamente también se han hecho la vida imposible con frecuencia, quemando, decapitando, fusilando y gaseando a parte de la propia población, según terciaba. Aún así los chapucios llegaron a dominar el resto del mundo durante casi cinco siglos, y la verdad es que conseguir eso mientras seguían masacrándose entre ellos, no deja de tener un cierto mérito, con el efecto colateral añadido de evitar la superpoblación y el desempleo.
Cuando recientemente constituyeron la Unión Chapuciera pareció que dejarían atrás sus diferencias y rencillas, pero lo cierto es que no han progresado mucho y en la práctica persisten entre ellos grandes diferencias sociales, culturales, económicas y políticas. Basten como ejemplos que en cada antiguo territorio hablan un idioma distinto, unos son monarquías y otros repúblicas, unos tienen una moneda común y otros la suya propia. En la práctica se dividen por su ubicación geográfica en Norte, Sur, Este, Oeste y Centrochapucia. Yo vivo en Chapucia del Sur, principalmente porque es donde tienen mejor clima, aunque ahora es donde la crisis económica está dando más fuerte y donde el gobernador del Banco Central Chapuciero, Robin T Joode está imponiendo normas más drásticas. Robin T Joode es el tatara tatara nieto inconformista del legendario Robin Hood y hace todo lo contrario, este le quita a los pobres para que los ricos no pasen hambre y calamidades.
Me he decidido a relatar las crónicas de Chapucia para que el resto del mundo pueda conocer lo que pasa aquí, y a ver si entre todos conseguimos entenderlo.
KJP.
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